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La crisis de la producción publicitaria: ¿por qué el modelo tradicional termina recortando las ideas?

Foto del escritor: cuadroveinticuatro
cuadroveinticuatro
29 sept
6 min de lectura


La crisis de la producción publicitaria: ¿por qué el modelo tradicional termina recortando las ideas?


Hay una situación que se repite bastante en publicidad.


Una agencia desarrolla una buena idea. El cliente la aprueba. El concepto funciona, el guion tiene potencial y todos están alineados. Pero llega el momento de producirlo y empiezan las preguntas:


¿Podemos hacer todas las locaciones?

¿Realmente necesitamos ese efecto?

¿Tenemos presupuesto para ese casting?

¿Podemos rodar todo en un solo día?

¿Y si eliminamos esta escena?


Poco a poco, la idea que llegó a producción empieza a parecerse cada vez menos a la que se aprobó.


Y muchas veces el problema no está en la idea.


Está en cómo hemos aprendido a producirla.

El costo invisible de producir un comercial


El modelo tradicional de producción audiovisual tiene una lógica bastante clara: preproducción, rodaje y postproducción. Funciona y ha permitido hacer grandes campañas durante décadas.


El problema aparece cuando tratamos una necesidad creativa como si fuera únicamente un proceso industrial.

Una buena parte del presupuesto de un comercial puede terminar concentrándose en resolver todo lo que ocurre alrededor de la imagen: traslados, permisos, equipos, tiempos de espera, cambios de locación, construcción de sets, contingencias, jornadas extensas y una estructura técnica cada vez más grande.


Todo eso tiene un costo.

Y no necesariamente se ve en pantalla.


Ahí aparece una de las tensiones más interesantes de la producción publicitaria: una marca puede invertir más dinero sin que necesariamente ese dinero se traduzca en una imagen más potente.


El problema no es tener una producción grande. El problema es no saber qué parte de esa producción está realmente aportando valor a la idea.


Cuando el presupuesto empieza a editar el concepto


La primera consecuencia suele aparecer antes de llegar al set.


Una locación desaparece porque es demasiado costosa. Una escena se simplifica. Un efecto visual se reemplaza por algo más fácil de ejecutar. Se reduce el tiempo de rodaje. Se cambia una propuesta de fotografía porque requiere demasiado equipo.


Cada decisión puede parecer razonable por separado.

Pero cuando acumulas diez o quince de estas decisiones, puede ocurrir algo importante: el presupuesto termina tomando decisiones creativas que originalmente no le correspondían.


Y eso es especialmente frustrante para una agencia o un equipo de marketing.


Porque aprobar una idea significa aprobar una determinada promesa visual. Si esa promesa empieza a modificarse durante la producción por razones puramente operativas, existe una distancia cada vez mayor entre lo que se imaginó y lo que finalmente llega a pantalla.


No siempre sucede. Pero cuando sucede, es difícil corregirlo en postproducción.


El rodaje también tiene un problema de comunicación


Hay otra parte de la producción que pocas veces se discute: el rodaje puede convertirse en un ejercicio de confianza excesiva.


El cliente llega al set y encuentra cámaras, luces, equipos, asistentes, vestuario, maquillaje, producción, arte, dirección y una cantidad considerable de movimiento alrededor.


Pero una pregunta permanece:


¿Esto realmente se va a ver como lo que aprobamos?

El director puede tenerlo perfectamente claro. El director de fotografía también. El equipo de arte puede saber exactamente hacia dónde va.


Pero el cliente muchas veces está viendo una versión incompleta de la película.


Una locación sin postproducción. Un encuadre sin efectos. Una iluminación que todavía no revela el resultado final. Una escena que tendrá otra escala cuando se integre con VFX.


Por eso una buena preproducción audiovisual no debería servir únicamente para organizar horarios y contratar equipos.


También debería reducir la distancia entre lo que se imagina y lo que realmente se va a producir.


El origen del Método Cuadro24


Esta tensión también nos hizo revisar nuestra propia forma de trabajar.


Como productora audiovisual, nuestro negocio naturalmente está relacionado con producir. Queremos rodar, dirigir, fotografiar, construir escenas y hacer que las ideas lleguen a pantalla.


Pero también entendimos algo:


si toda la estructura de producción está diseñada alrededor del rodaje, existe el riesgo de terminar produciendo más de lo necesario para conseguir el resultado que realmente importa.


Cuando empezamos a desarrollar Cuadro24, la pregunta no era simplemente cómo hacer más videos.


Era otra:


¿Cómo podemos construir una producción donde una mayor parte del presupuesto termine convirtiéndose en valor visible en pantalla?


De ahí nace lo que llamamos Método Cuadro24.


No como una fórmula cerrada ni como una promesa de que la tecnología va a resolver todos los problemas de una producción.


Más bien como una forma de ordenar el proceso: pensar primero qué necesita realmente la idea, qué vale la pena capturar físicamente y qué podemos resolver de manera más eficiente en otras etapas.


De la producción lineal a un flujo híbrido


La producción audiovisual tradicional funciona como una cadena relativamente lineal:


preproducción → rodaje → postproducción.


Nuestro enfoque busca que esas etapas conversen mucho antes entre sí.

La inteligencia artificial generativa, por ejemplo, puede utilizarse durante la preproducción para explorar visualmente una propuesta antes de comprometer presupuesto en equipos, locaciones o construcción.


Herramientas de generación de video e imagen pueden ayudarnos a desarrollar previz, storyboards, referencias visuales y pruebas de concepto con una velocidad que hace algunos años simplemente no existía.


Esto cambia una conversación importante.


En lugar de explicarle al cliente cómo creemos que podría verse un comercial, podemos construir una referencia visual mucho más cercana al resultado que estamos buscando.


No elimina la incertidumbre.


La reduce.


Y eso permite tomar mejores decisiones antes de que el dinero empiece a correr.




Rodar menos no significa producir menos


Este punto es importante.


Un modelo híbrido no significa que la solución sea dejar de rodar.


Significa rodar con intención.

Hay cosas que necesitan una cámara frente a ellas: una actuación, un producto, una textura, un movimiento, una interacción física, una locación específica.


Y hay otras que pueden resolverse posteriormente de manera más eficiente.


Si sabemos desde preproducción que determinado fondo será reemplazado, que una extensión de escenario se construirá digitalmente o que una transición se terminará en postproducción, podemos diseñar el rodaje alrededor de esa decisión.


Eso puede significar equipos más precisos, jornadas mejor planificadas y menos recursos destinados a elementos que finalmente no aparecerán como fueron construidos.


La eficiencia no está en hacer una producción pequeña.


Está en hacer que cada recurso tenga una razón de existir.


Donde la postproducción empieza a cambiar las reglas


La otra gran transformación ocurre después del rodaje.


Hoy podemos combinar material capturado en cámara con herramientas generativas, composición, VFX y postproducción digital para ampliar significativamente lo que se consiguió durante la jornada de producción.


Un escenario puede extenderse.

Un fondo puede transformarse.

Una transición puede construirse digitalmente.

Una atmósfera puede modificarse.


Un elemento que habría requerido una construcción física puede resolverse mediante composición.


Esto no significa que la IA haya vuelto innecesarios los VFX tradicionales ni que cualquier resultado pueda conseguirse con un prompt.

De hecho, la tecnología hace que la dirección y la postproducción sean todavía más importantes.


Porque generar posibilidades es fácil.


Integrarlas correctamente dentro de una película, respetando fotografía, perspectiva, movimiento, iluminación, textura y narrativa, requiere criterio y oficio.


Ahí es donde la producción híbrida realmente tiene sentido.


El presupuesto debería trabajar para la idea


Al final, el objetivo no es producir barato.


Tampoco es producir menos.


Es algo bastante más simple: que el presupuesto esté alineado con lo que la pieza necesita para funcionar.


Si una locación es fundamental para la narrativa, vale la pena invertir en ella.

Si determinado efecto necesita VFX, hay que hacerlo bien.


Si una escena requiere una gran dirección de arte, no tiene sentido sacrificarla para mantener una estructura de producción que quizá podría haberse planteado de otra manera.


La pregunta debería ser:


¿Dónde genera más valor cada dólar que estamos invirtiendo?

A veces será en el rodaje.

A veces será en fotografía.

A veces en casting o dirección de arte.


Y cada vez más, también puede estar en postproducción, VFX o herramientas de IA.


Una productora también debería cuestionar su propia forma de producir


Quizás este sea el cambio más importante.


Una productora audiovisual no debería estar comprometida únicamente con ejecutar el proceso que conoce.


También debería preguntarse si ese proceso sigue siendo la mejor manera de llegar al resultado.


La tecnología está modificando esa ecuación, pero la tecnología por sí sola no es la solución.


Lo interesante aparece cuando cine publicitario, producción audiovisual, postproducción e inteligencia artificial empiezan a trabajar como un mismo sistema.


Ese es el camino que estamos explorando en Cuadro24.


No para eliminar el rodaje. No para reemplazar el oficio cinematográfico. Y mucho menos para convertir toda la publicidad en imágenes generadas.


Sino para quitarle fricción al proceso y proteger algo que debería ser bastante obvio desde el principio:


que la idea que se aprobó sea, en la medida de lo posible, la misma idea que termina en pantalla.

Porque producir mejor no siempre significa producir más.

A veces significa saber exactamente qué vale la pena producir.


¿Cuánto de una idea creativa crees que debería resolverse antes de llegar al set?

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